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La irregularidad provoca todos los problemas que estamos viendo hoy en día.

Hoy deseamos compartir con nuestras comunidades entrevista maravillosamente reveladora donde la Doctora en Sociología María Emilia Tijoux, argumenta lo que no se ve , más allá de la migración en Chile. Hemos resumido este material en algunos párrafos, pero les invitamos que lean el material completo en el enlace a final de este post.

Fuente: The Clinic.cl


La doctora en Sociología María Emilia Tijoux analiza la migración en Chile, junto con los componentes racistas que observa dentro de la crisis. Pensando en cómo mejorar la situación migrante en el país, es enfática: "Hay una sola palabra que espero que se haga, y significa regularizar. Regularización, porque la irregularidad provoca todos los problemas que estamos viendo hoy en día".

La crisis de la que tanto se habla hoy tiene que ver con la crisis de las políticas migratorias. No es que las migraciones estén en crisis”.

Los desplazamientos de millones de personas, explica, son algo que se puede observar en la actualidad en todo el mundo, y también a nivel local, siendo muchas de ellas personas en estado de pobreza y en condiciones que define como extremadamente precarias.


Una de las grandes preguntas que hay que plantearse para entender el fenómeno migratorio en Chile, dice la académica, es por qué las personas migrantes escogen a Chile como su país de destino. “Chile desde los noventa en adelante, cuando se entra en un momento de transición política, se presenta al mundo como un país exitoso, como un país que incluso en otros países de la región lo ven como un país rico”, dice Tijoux. Esa imagen de país, explica, en un deseo de búsqueda de riqueza de la persona migrante, configura a Chile como uno de los destinos más llamativos.


La crisis que se ve hoy en el norte de Chile, dice la académica, es “consecuencia de la falta de políticas migratorias desde los noventa para adelante, cuando comenzaron a llegar las primeras comunidades migrantes. Allí tendría que haberse pensado que esto iba a aumentar, que dadas las condiciones que habían en el mundo, de desplazamiento, en el Mediterráneo, en Estados Unidos, en los distintos continentes, efectivamente esto podía aumentar. Comenzaron las comunidades primero más cercanas. La primera comunidad que llegó en condición de ‘migrante’, aunque si bien no se les llama así, fueron los argentinos”.


Luego de la migración argentina, continúa Tijoux, comenzaron a llegar comunidades del Caribe, como de República Dominicana, Colombia, Haití, y luego Venezuela.


“¿Qué es lo que la gente viene a buscar? Viene a buscar trabajo. Viene a buscar trabajo, techo, y yo agregaría otra dimensión que es más subjetiva, que es comprensión. O reconocimiento como persona, como ser humano. Y vimos que las distintas comunidades, la comunidad peruana, las comunidades de Ecuador, República Dominicana, Colombia, Haití, cada una a su vez, en la medida que llegaban, eran comunidades racializadas. Eran comunidades maltratadas. Desde esos años hasta ahora no ha habido políticas migratorias que estén basadas en los Derechos Humanos, e incluso basadas en el reconocimiento de que todo ser humano es humano”, dice Tijoux.

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El racismo en Chile: un monstruo que despertó

-¿Cómo se pueden entender las conductas y comentarios racistas que se han visto en Chile durante el último tiempo?


-El racismo es viejo. No es de ahora. El racismo chileno está en la obra de Nicolás Palacios, está en esta configuración de que somos un país mezcla de ‘godos y araucanos’, que son palabras de él. Está en la misión que cumplió Perez Rosales cuando fue a hacer lobby a Europa para tratar de atraer a colonos a venir a Chile para ‘poblar los territorios del sur y mejorar la raza’. Está en los escritos de Vicuña Mackenna. El racismo en Chile existe hace mucho tiempo, y así lo ha vivido y lo vive hasta hoy el pueblo Mapuche, y muchos otros pueblos originarios. El pueblo Mapuche especialmente.


“Qué quiero decir con esto. No es que haya surgido esta xenofobia y este racismo porque hayan llegado los migrantes de un día para otro, sino que se despierta y yo diría que apunta a otro ser humano esta vez, que viene de afuera. Un extranjero para parodiar, para colocarlo en el lugar del enemigo. Tenemos un enemigo interno y un enemigo externo, que sería este extranjero que llega. Pero que llega bajo la condición de migrante”.


-Porque no todos son migrantes…


-Claro, no todos los extranjeros en Chile son considerados migrantes, y no todos los migrantes son considerados extranjeros. ¿Quiénes son considerados migrante? Son consideradas migrantes las personas que vienen de la región. Las personas más empobrecidas de la región, o que han sufrido los mayores castigos, cuando pienso por ejemplo en la comunidad haitiana. Entonces uno no puede sino volver atrás y pensar que durante el periodo de la trata trasatlántica de esclavos a Chile también llegaron. Y tuvieron hijos, y tuvieron nietos. Hay un pueblo afrochileno que reivindica su origen esclavo y que ni siquiera ha sido escuchado. Han sufrido mucho por eso también, en donde esa figura de la negritud se quiso borrar, porque ‘el chileno no puede ser de ahí’.


“Vuelvo otra vez a lo que plantea Nicolás Palacios. La sociedad chilena se considera una sociedad blanca. Nosotros somos blancos porque todo el periodo de constitución del estado chileno es un periodo en donde el desarrollo es considerado como el desarrollo y el progreso europeo. Y por lo tanto la idea es el progreso y desarrollo europeo en clave blanca. Y ese ideal de blancura nunca se ha ido. No se quiere ser negro por ningún motivo, y tampoco se quiere ser moreno. Los niños y la gente dice ‘mira, tú eres moreno pálido, eres trigueño’… Hay una suerte de pantone de colores pero que tiene que ver con una cuestión política e histórica, no es solamente una cuestión pictórica”.

Para Umidehu un migrante es una persona que se desplaza y que ha residido en un país extranjero durante más de un año, independientemente de las causas de su traslado.

-Y el género igual influye…

-Sí, también por el sexo. Porque ser mujer, ser migrante, ser pobre y tener hijos o no tener, es un castigo. ‘Que las haitianas tienen muchos hijos’, o ‘que las migrantes quieren tener muchos hijos para quedarse en Chile’. O bien ‘estas mujeres no saben lo que es ser madre y no quieren tener hijos’. Entonces que tengan o que no tengan da lo mismo, porque es la condición migratoria la que funciona de manera racista. Pero además es un racismo que funciona fundamentalmente muy vinculado a la xenofobia. La xenofobia tiene que ver con las cuestiones más culturales. Es un racismo que critica al origen, que pone en un lugar negativo al país de donde viene la persona, como si fuese un país inferior a Chile. Entonces la persona que llega es considerada inferior a la persona chilena por el hecho de ser migrante.


“El migrante es esencialmente un trabajador”

Como dice un autor llamado Abdelmalek Sayad, explica Tijoux, el migrante es esencialmente un trabajador. Eso es lo que busca: trabajar.


“Y como busca trabajo, y estamos en un país en donde la cuestión de la ganancia es fundamental, es ideal como sujeto para la explotación. Porque su necesidad de vivir, de comer, de educar los hijos, de pagar una pieza que son además carísimas, de poder sobrevivir, es tan grande, sumado al hecho de que deben mandar dinero a su casa, a su familia que está afuera, que efectivamente es fácilmente capturable para la explotación e incluso la trata laboral. Es una figura de ‘una nueva esclavitud’, donde lamentablemente se ve muy negativamente a la persona migrante, y yo diría que a muy poca gente le importa lo que les suceda a ellos y ellas”.



¿Es el factor de clase el principal componente que margina la migración?


La aporofobia sola no explica el racismo, sino que hay que pensar que hay una cuestión con el concepto raza. El concepto raza lo digo entre comillas, porque las razas no existen. Está ultra comprobado, pero ¿Cómo luchamos contra toda la antropología del XIX en Europa?


Hay una recepción a lo europeo muy amable en Chile, porque queremos ser como ellos históricamente. Y la cuestión de los apellidos lo muestra muy bien. (…) Somos un país de migración, de distintos lados. Pero la migración de hoy es la no deseada. Son los ‘no invitados’. Son los considerados de más. Enemigos, invasores, peligrosos, sospechosos. Es realmente incomprensible que haya estudiantes o trabajadores venezolanos que hoy prefieran no hablar mucho, para que no les descubran el acento y evitar ser reconocidos”.



-¿Qué riesgos o desventajas particulares poseen las interseccionalidades que identifica dentro de las y los migrantes?

-No quiero hacer una especie de escala de quién sufre más, pero las mujeres la pasan muy mal. Las mujeres migrantes lo pasan muy mal porque son las mujeres en general las que están con sus hijas e hijos. Son las mujeres las que van al centro de salud, que acuden al Cesfam, al Sapu, que van a las escuelas, que tienen que estar con los niños. Y la mujer migrante en general, es cuestionada por su forma de criar, de educar, de estar con sus hijos. Son cuestionadas hasta por su forma de amamantar. En este sentido creo que las mujeres sufren de un racismo institucional que es constante, y digo racismo institucional porque se naturaliza en ciertas instituciones una forma de tratarlas que se convierte en algo banal, en algo cotidiano.


-¿En qué se traduce ese trato?

-En algo así como ‘es normal que ella no sepa hacer tal cosa’. ‘Es natural porque viene de otro lado’. ‘Se debe entender porque es su cultura’. Eso es racismo, pero institucional. Y por qué es tan grave que sea institucional, porque se banaliza el maltrato e incluso podría entrar a que se construyan protocolos al respecto dentro de las instituciones que normalicen este maltrato diferenciado. ‘La colombiana entiende más lo que le digo pero es reclamona’. ‘Las venezolanas preguntan todo, quieren saber todo y siempre nos dicen que el sistema de salud es mejor en Venezuela’. ‘Tienen que venir siempre con el marido, hay machismo’. Está repleto de críticas sobre cosas que nosotros como chilenas y chilenos también hacemos. Como que, por ejemplo, a los niños les dan harina.